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domingo, 5 de agosto de 2018

Deporte: una vía para la inclusión femenina



Deporte: una vía para la inclusión femenina


Durante muchos siglos el deporte es considerado como un espacio de sano entretenimiento, que une a personas de distintas edades, sexos, razas, religiones y clases sociales para demostrar habilidades y capacidades en distintas disciplinas.
El deporte se ha popularizado hasta llegar formar parte de la vida cotidiana de nuestra sociedad, debido a varios factores como el aumento de tiempo libre del cual se beneficia la población gracias a la regulación de su jornada laboral, o por salud, todo esto con el fin de buscar bienestar social y un Buen Vivir.
Ecuador siendo considerado un país que concentra gran cantidad de deportes y deportistas, cada uno de ellos participes de eventos internacionales dejando en alto el nombre de los ecuatorianos. Los deportes más conocidos son el fútbol, básquet, atletismo, marcha, natación, entre otros, que son practicados por niños, jóvenes y adultos que encuentran en el deporte una forma de entretenimiento.
En los últimos años nuestro país a nivel deportivo ha conseguido más referentes no solo en lo futbolístico sino en distintas disciplinas. Sin embargo, en las distintas provincias aún falta inversión para que nuestros deportistas practiquen de una mejor manera su disciplina, es por ello que se crearon las federaciones deportivas, instituciones que contribuyen con el crecimiento de los deportistas.
Estos antecedentes han provocado que cualquier clase de deporte ya no sea solamente dirigida para el género masculino, es por eso que desde este punto  se ha tomado en cuenta la participación de la mujer como deportista, tomando en cuenta que las mujeres desde antaño, hemos sido representadas como una figura doméstica, que debe estar encargada de los quehaceres de la casa y del cuidado de los hijos, obviando por completo la idea de que una mujer puede ser deportista, emprendedora o gobernadora de un pueblo que busca un desarrollo, político, económico y social, que beneficie a todos.
La participación de las mujeres en la actividad física y en el deporte ha sido, y todavía es en la actualidad, menor que la de los hombres, tomando en cuenta que la participación de la mujer es menor en los ámbitos que tradicionalmente se han considerado públicos como el mundo laboral, político, cultural, etc. y el deporte es uno de ellos.
Al igual que los hombres, las mujeres somos capaces tanto física como intelectualmente de ponernos al frente de un grupo, así como lo hacen cuando crían a sus hijos, fomentando valores e implantando ideologías que los llevarán por el sendero del bien, alejados de los estereotipos planteados en esta sociedad machista.
Este es caso de muchas mujeres que han incursionado en diferentes disciplinas como el futbol, atletismo, marcha, ecuaboley, natación, pesas, entre otras, participando incluso en campeonatos internacionales, dejando en alto el nombre de nuestro país, y aclarando que las mujeres no son el sexo débil y que pueden ser también parte del desarrollo deportivo.
Junto a los hombres las mujeres también pueden hacer historia, dejando una huella que benefician a los demás, una marca que nos identificará como mujeres idealistas y emprendedoras que rompieron las barreras y eliminaron miedos estereotipados de sentirse inferiores, pero siempre llevaremos en nuestra mente aquella ideología que nos hará creernos fuertes y capaces.

martes, 24 de enero de 2017



Soy tu pareja, no tu marioneta
El maltrato es una realidad silenciosa, que de forma cotidiana se va presentando en muchas de las parejas del mundo. Como ya sabemos la violencia de género impacta de manera negativa sobre la identidad, el bienestar social, físico, emocional o psicológico de la persona víctima de estas agresiones.
Desde las épocas antiguas de la cultura humana se ha manifestado siempre la subordinación de las mujeres respecto a los hombres. Este fenómeno no se ha limitado sólo a concebir la inferioridad femenina, llevando a concebir a la mujer como un mero objeto que se usa y se hacha a la basura, trascendiendo las fronteras de lo racional, hasta llegar incluso a manifestarse mediante comportamientos agresivos, que hasta hoy se conocen como violencia de género.
La violencia es presentada de muchas formas, físicas, verbales, sexuales, económicas, patrimoniales, etc., que afectan principalmente a la mujer por ser consideradas personas vulnerables y son propensas a no reaccionar en este tipo de accionares que son perjudiciales para su desarrollo social.
“Habitualmente este tipo de violencia no se produce de forma aislada, sino que sigue un patrón constante en el tiempo, esto dependiendo circunstancialmente de como sea la fragilidad de una persona de soportar el dolor al que puede estar expuesto y esto hace que el individuo se vuelva masoquista, al no querer separarse de su agresor”, menciona Guillermo Corrales, psicólogo residente en el Dirección provincial de Salud Cotopaxi.
Según estadísticas presentadas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en Ecuador, seis de cada diez mujeres han sido víctimas de violencia, ya sea física o psicológica. Para estas personas, la asesoría legal y psicológica resulta trascendental, el 90% de las mujeres casadas o con pareja que ha sufrido violencia no se ha separado de su pareja, a causa del factor miedo, que se ha convertido en el principal impedimento. 
Al principio de una relación amorosa sea esta estable o no, las caricias, abrazos, besos y detalles son los que van enamorando día a día haciendo de un noviazgo algo hermoso, tornando su mundo color rosa, donde lo primordial es el amor brindando y los momentos vividos junto a su pareja, estos son recuerdos imborrables que quedan impregnados en nuestra mente y corazón.
“Fue entonces cuando decidí alejarme de él a pesar del tanto amor que le tenía. Fue una tarde fría y sombría, llegamos a su casa como todos los domingos luego de hacer deportes. Él estaba un poco tomado y yo llena de ira porque no me hizo caso de que dejara de beber con sus amigos. Discutíamos en el camino y al entrar a su casa me lanzó una bofetada para que me callara, pero a pesar de ello seguí reclamándole y en ese momento inesperado, empezó a golpearme sin piedad alguna. No podía defenderme, fueron desasidos golpes que me dejaron tirada en el piso, inconsciente y con la intriga de saber si saldría viva o muerta de esa casa”, así relata Alexandra, una joven que sufrió varias agresiones por parte de su pareja, durante su noviazgo, pero que a pesar de todo el daño causado, al final tomó la decisión de volver con su agresor.  
En los últimos años, no solo la mujer se ha convertido en víctima de violencia y de aquí parte la interrogante ¿los hombres también pueden ser víctimas de violencia? Pues sí, en la sociedad modernista en la que vivimos los hombres son víctimas de maltratos por parte de sus parejas, dejando en claro que no siempre los hombres son los malos de la historia, las mujeres son también parte de esa muestra de agresores que provocan daños en sus parejas.
En Ecuador según resultados obtenidos por INEC, de enero a octubre de 2014 se reportaron 3.160 casos de maltratos hacia hombres. En el Distrito Metropolitano de Guayaquil (Zona 8), que abarca los cantones Guayaquil, Durán y Samborondón, hubo 976 hechos; y en el Distrito Metropolitano de Quito fueron 784. De ahí las provincias con más de 100 sucesos registrados son Guayas (exceptuando la Zona 8), El Oro, Imbabura, Manabí.
Este tipo de maltratos no se han conocido con frecuencia en el país, quizá porque los hombres se sienten aludidos y pueden estar expuestos a burlas, denigrándolos y perdiendo ese poder de macho alfa que los caracteriza en la sociedad en la que vivimos regidas por el estereotipo patriarcal.
Según Magaly Benalcázar, especialista en Equidad de Género, menciona que “la violencia de género es un problema social presente que se puede solucionar porque no necesita de mayores inversiones económicas, y se lo realizaría organizando capacitaciones para que las personas entiendan de qué se trata las dinámicas de la violencia en la pareja, especialmente en los jóvenes. Porque desde la lógica machista, la mujer es considerada como subalterna, es decir una cosa, un objeto. Es por estas razones que el hombre la cosifica, mi carro, mi casa, mis muebles, “mi mujer”, considerándose con esto apto para violentarla y abusar de ella de todas las formas posibles”.
Esta es una situación que se han convertido en el pan de cada día en la mayoría de noviazgos, encontrando como principal causa, el satisfacer sus deseos mediante el sufrimiento vivido por el sujeto en estado de humillación incluyendo con esto golpes, flagelaciones, humillaciones físicas, morales y emocionales, a las cuales están expuestas las víctimas, por el miedo que se crean en la mente de alejarse de su agresor, por el supuesto amor que tienen hacia ellos o simplemente por el miedo de quedarse solos.

Durante mucho tiempo las mujeres y una mínima parte de hombres, han vivido en una prisión donde lo único que predomina es la represión del hombre, pero lo que se busca es su liberación, dejando de lado los estereotipos que se encuentran marcados en una sociedad machista como hasta ahora se la conoce. Es por estas razones que existen varias formas de terminar con este tipo de violencias que solo acaban con su integridad física, psicológica y emocional, y una de las más relevantes es la decisión que toma la persona misma de alejarse de su agresor y convertirse en dueño de su vida.

martes, 10 de enero de 2017


Mujeres al mando

Pensar que una mujer puede liderar un grupo determinado de personas o en este caso un país, es una cosa de locos. Las mujeres desde antaño, hemos sido representadas como una figura doméstica, que debe estar encargada de los quehaceres de la casa y del cuidado de los hijos, obviando por completo la idea de que una mujer puede ser emprendedora y gobernar un pueblo que busca un desarrollo, político, económico y social, que beneficie a todos.
Al igual que los hombre, las mujeres somos capaces tanto física como intelectualmente de ponernos al frente y llevar adelante proyectos en pro de nuestra comunidad, así como lo hacen cuando crían a sus hijos, fomentando valores e implantando ideologías que los llevarán por el sendero del bien, alejados de los estereotipos planteados en esta sociedad machista.
En nuestro país, pocas han sido las mujeres que han intentado estar inmiscuida en la política y a la cabeza de un grupo de personas, este es el caso de Rosalía Arteaga la primera mujer en la historia del Ecuador en alcanzar la vice-Presidencia de la República y quien fue electa presidenta del país entre el 6 y el 11 de febrero de 1997, tras el derrocamiento de Abdalá Bucaram, destituido por el Congreso Nacional de Ecuador.
Según Rosalía Arteaga en una entrevista realizada por El Diario Las Palmas (www.laprovincia.es), menciona: “Yo perdí la presidencia de la república de mi país por ser mujer", apuntó, "a mí me tocaba quedarme hasta el año 2000 y me tocó muy poco tiempo por ser mujer, porque los miembros de la Asamblea Constituyente de mi país y sobre todo las fuerzas armadas, no querían tener al mismo tiempo una jefa del Estado y del ejército".
Es inaudito pensar que un hombre quiera que una mujer le proporcione órdenes por el mero hecho de considerarse superior, de sentirse el macho alfa de la sociedad, sin por lo menos darse cuenta que al igual que él las mujeres podemos ser aquellas que ayudemos al país a levantarse y salir de aquellas enormes crisis económica que no nos deja ni dormir.
Es por estas razones que en la actualidad, las mujeres están tomando las riendas y gobernando países, pero Ecuador no se queda atrás y es evidente en las campañas políticas que se llevan realizando desde la semana pasada, donde se identifica un número considerable de féminas que intentan ocupar cargos en el gobierno, desde donde podrán ayudar a solucionar problemáticas que afectan de forma directa a la ciudadanía.
Junto a ellos también podemos hacer historia, dejando una huella que benefician a los demás, una marca que nos identificará como mujeres idealistas y emprendedoras que rompieron las barreras y eliminaron miedos estereotipados de sentirse inferiores, pero siempre llevaremos en nuestra mente aquella ideología que nos hará creernos fuertes, capaces y de considerar que podemos ser “Mujeres al mando.”

miércoles, 4 de enero de 2017



Solo por ser mujer…
“Ninguna mujer depende de un hombre, al contrario, un hombre depende de la mujer hasta para nacer”.

“Fue entonces cuando me convertí en una trabajadora sexual. Pero mis hijos no se mueren de hambre, porque yo les proveo de suficiente alimentación, vestimenta y educación […] Las trabajadoras sexuales tienen los mismos derechos que cualquier otra persona”. Así se refiere Carolina al trabajo que realiza todas las noches. La criaron como si tuviera la culpa de todo, le dijeron que tenía que servir a un hombre, pertenecer a él y que no tenía derecho a nada, por la condición de ser mujer. Trabaja en esta profesión desde los 17 años, su padre la botó de la casa porque se quedó embarazada. Tuvo que salir para evitar agresiones y proteger su embarazo, entonces se convirtió en madre soltera.
Historias como las de esta joven llevan a tomar la decisión de inmiscuirse en el este oficio, por la falta de preparación académica, violencia y la baja economía a la que pueden estar expuestas las mujeres, por el hecho de vivir en una sociedad patriarcal, donde el hombre es quien manda tornándose en el macho alfa de la sociedad, sin importarle las ideologías de las mujeres.
El trabajo sexual o como comúnmente se lo conoce la prostitución, es uno de los oficios más viejos, donde se representa a la mujer como un objeto más que un sujeto, que puede ser usado a la voluntad de quien le ofrezca cierta cantidad de dinero, por la cual ella realiza dicho trabajo. La trabajadora sexual es a una única categoría, alejada de la realidad, donde no se toma en cuenta los derechos que tienen, porque ellas también son seres humanos. Solo se piensa que es una vagina cuando en verdad son personas; misteriosamente, quienes mueven este negocio, tienen menos acceso a todo, no poseen estabilidad económica, reconocimiento social, seguridad y mucho menos estabilidad.


Según estadísticas alrededor de 55 mil mujeres desarrollan esta labor en Ecuador: el 79% tiene entre 21 y 40 años y el 81% es madre y jefa de hogar a la vez. Se puede decir que este oficio no es nada fácil, como lo ve la mayoría de personas. Hay personas que lo entiende, pero existen otras que las critican e insultan; para mí, cuando una mujer se para en la calle no es por gusto, debe ser un trabajo bastante complicado, porque siempre se viven riesgos, que pueden provocarles daño.
Si nos ponemos a pensar ¿por qué estas mujeres no tienen el valor suficiente para reaccionar cuando las personas se aprovecharon de ellas, las violentan y las usan como objetos a cambio de dinero? Son interrogantes que queremos descifrarlas para entender la vida de las trabajadoras sexuales y así poder borrar aquella frase “Solo por ser mujer…” que nos reprime como mujeres e inhiben a realizar accionares que llenen nuestras expectativas.



Soy hombre, ¿soy víctima?


El maltrato al hombre es una realidad silenciosa, que de forma cotidiana se va presentando en muchas de las familias y parejas del mundo. Como ya sabemos la violencia de género impacta de manera negativa sobre la identidad, el bienestar social, físico, emocional o psicológico de la persona víctima de estas agresiones, que se diferencia de otros tipos de violencia porque implica que está dirigido hacia la mujer, pero ¿los hombres también pueden ser víctimas de violencia?
Pues sí, en la sociedad modernista en la que vivimos los hombres son víctimas de maltratos por parte de sus parejas, dejando en claro que no siempre los hombres son los malos de la historia, las mujeres son también parte de esa muestra de agresores que provocan daños en sus parejas por causas que son provocadas por las actitudes y comportamientos erróneos de algunos hombres.
En Ecuador no se ha registrado este tipo de violencia, quizá porque los hombres se sienten aludidos y pueden estar expuestos a burlas, denigrándolos y perdiendo ese poder de macho alfa que los caracteriza. Es por esto que citaremos el caso de España, donde según las leyes nacionales el término violencia de género se utiliza exclusivamente para la atención a mujeres víctimas de maltrato por parte de un hombre, al revés es considerado un caso de violencia doméstica, lo que supone legalmente una pena inferior. El Informe sobre violencia doméstica del Consejo General del Poder Judicial del 2011, presenta que 7 hombres murieron asesinados por sus parejas o exparejas, a causa de este tipo de violencia.
Las provocaciones que llevan a cometer este tipo de actos son denigrantes y llevan a las mujeres a usar técnicas (como normalmente lo llamaríamos), así por ejemplo; usan la violencia psicológica donde las mujeres son especialistas en infligir cierto dolor psicológico en ellos o atacar donde más débiles son y decirles palabras humillantes como “débil” o “patético”, entre cientos más. O manipulan emocionalmente, tomando en cuenta que a muchos hombres no les gusta ver a las mujeres llorar y algunas “mujeres tiranas” usarán esta ventaja a su favor.
Estos y otros métodos son usados para causar daño al género masculino, porque se dice que un hombre que sufra violencia y abuso psicológico de su mujer, rara vez lo contará a alguien y que ellas se aprovecharán de eso para seguir de manera interminable. Es por estas razones que existen varias formas de terminar con este tipo de violencias que solo acaban con la integridad física, psicológica y emocional de quienes son víctimas, y una de las más relevantes es la decisión de un hombre de ¡Romper el silencio!, y responder a la interrogante Soy hombre, ¿soy víctima?









miércoles, 14 de diciembre de 2016


¿Soy una mujer masoquista?

Esta es una de las tantas preguntas que siempre se hacen las mujeres, luego de vivir experiencias amargas que marcan la línea de su vida. Al principio de una relación sea esta estable o no, las caricias, abrazos, besos y detalles van enamorándolas día a día, tornando su mundo color rosa, donde lo primordial es el amor brindando y los momentos vividos junto a su pareja.
Pero ¿qué es ser masoquista? muchos se preguntarán que significa. Este es un término que está dando la vuelta en al mundo, por las innumerables denuncias asentadas en instituciones del estado que defienden los derechos de los ciudadanos, por agresiones que se presentan una y otra vez, principalmente en contra de las mujeres, quienes son las más vulnerables a cualquier tipo de violencia existente.
Según Ulises Rodríguez, “el masoquismo se utilizaba para hablar de una patología que tiene que ver con personas que necesitan ejercer la dominación, la violencia o la agresividad, o bien aquellos que necesitan lo contrario, es decir, sentirse humilladas, en una actitud sumisa o recibir dolor para conseguir placer”.
Estas situaciones se han convertido en el pan de cada día en la mayoría de relaciones sentimentales, encontrando como principal objetivo del masoquismo, el satisfacer sus deseos mediante el sufrimiento vivido por el sujeto en estado de humillación incluyendo con esto golpes, flagelaciones, humillaciones físicas, morales y emocionales, a las cuales están expuestas las víctimas de forma reiterada, por el miedo que se crean en la mente de alejarse de su agresor, por el supuesto amor que tienen hacia ellos o simplemente por el miedo de quedarse solos.
Como mencionaba Rodríguez, algunas de las mujeres necesitan este tipo de tratos y son ellas mismas quienes provocan este tipo de actitudes machistas en los hombres, a causa de sus comportamientos equívocos o simplemente por el hecho de hacer respetar los derechos que la amparan por ser mujer.
Desde ahí se refleja si una mujer es o no masoquista, es decir si es capaz de soportar tantas agresiones en una relación, que muchas de las veces estos ataques pueden llegar a convertirse en femicidios, porque si recordamos según el último censo realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) el 60,6% de las mujeres en Ecuador ha vivido algún tipo de violencia y con esto hacemos también referencia a la actitud masoquista de algunas mujeres de vivir atadas a un hombre que solo les provoca heridas que con el tiempo sanan pero no se olvidan.  
Durante mucho tiempo la mujer ha vivido en una prisión donde lo único que predomina es la represión del hombre, pero lo que se busca es su liberación, dejando de lado los estereotipos que se encuentran marcados en una sociedad machista como hasta ahora se la conoce. Es por estas razones que existen varias formas de terminar con este tipo de violencias que solo acaban con la integridad física, psicológica y emocional de las mujeres, y una de las más relevantes es la decisión de la mujer misma de alejarse de su agresor y convertirse en dueña de su vida, dejando de lado la interrogante ¿soy una mujer masoquista?




miércoles, 7 de diciembre de 2016


El retrato de la violencia intrafamiliar


La violencia intrafamiliar o doméstica, es un problema que en los últimos años ha ido creciendo notablemente, causando daños irreparables tanto en la víctima como en el agresor, siendo el  pendenciero en algunos de los casos víctima de ataques tanto físicos, psicológicos y emocionales, en su infancia por parte de su familia.
Este ha sido un tema que ha afectado principalmente a la mujer y a los niños por ser considerados personas vulnerables y son propensos a no reaccionar en este tipo de accionares que son perjudiciales para su desarrollo social. Habitualmente este tipo de violencia no se produce de forma aislada, sino que sigue un patrón constante en el tiempo, esto dependiendo circunstancialmente de como sea la fragilidad de una persona de soportar este tipo de violencia.
En Ecuador, seis de cada diez mujeres han sido víctimas de violencia, ya sea física o psicológica. Para estas personas, la asesoría legal y psicológica resulta trascendental. Según estadísticas, el 90% de las mujeres casadas o unidas que ha sufrido violencia no se ha separado de su pareja, a causa del factor miedo, que se ha convertido en el principal impedimento.  
La Primera Encuesta de Violencia de  Género realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), lanzó como resultado que el 60,6% de las mujeres en Ecuador ha vivido algún tipo de violencia, por la falta de conciencia que tienen algunos ciudadanos, especialmente los hombres, que no tienen la capacidad de controlar sus emociones, haciendo prevalecer la idea equivoca de que las mujeres son menos que los hombres en todos sus aspectos y ámbitos de la sociedad.
Identificar este tipo de agresiones puede ser fácil, porque hasta con una simple palabra puede causar un daño irreparable en la persona a la cual está dirigida. Pero muchas de las veces estos ataques son provocados por la misma persona que es víctima, a causa de su insatisfacción que tiene con su pareja en el entorno familiar o porque se dice que con ella se puede educar a los hijos.
La violencia contra la mujer no tiene mayores diferencias entre zonas urbanas y rurales: en la zona urbana el porcentaje es de 61,4% y en la rural 58,7%. Cifras que ayudan a identificar que la violencia se ha convertido en el pan de cada día en las familias. Por esta razón se han creado instituciones del estado como las Comisarías de la Mujer y la Familia, que aportan a erradicar este problema social, que llevan al agresor a ser encarcelado, para con esto no seguir provocando severos daños en sus víctimas.
Para concluir, la violencia familiar es un delito porque no solo lastiman a las víctimas físicamente si no también psicológicamente haciéndolos crecer con una mala imagen de lo que en verdad es una familia, y quizá con el tiempo llevándolos a cometer los mismos accionares que vivieron en una etapa determinada de su vida.